Misceláneos

Acerca del sangrado rectal y la enfermedad hepática


El sangrado rectal puede ser un síntoma de muchas afecciones diferentes y siempre debe ser revisado por un profesional médico. Dependiendo de cómo aparezca, el sangrado gastrointestinal puede provenir de diferentes áreas del cuerpo y puede deberse a varias afecciones subyacentes. Una posible causa grave de sangrado rectal son las varices esofágicas, que son indicativas de cirrosis hepática, una enfermedad peligrosa y potencialmente mortal que debe ser tratada inmediatamente por un médico.

Significado

El sangrado rectal puede ser un síntoma de muchos tipos diferentes de enfermedades. A menudo, se notará por primera vez como sangre vista en las deposiciones, y ocasionalmente como una especie de heces negras oscuras llamadas melena. El sangrado rectal es un signo de sangrado en algún lugar del tracto gastrointestinal y siempre requiere el asesoramiento de un profesional médico lo antes posible.

Efectos

El sangrado gastrointestinal leve puede pasar desapercibido durante un largo período de tiempo a menos que se descubra durante un examen mediante una prueba de hemocultivo, que es una forma de detectar pequeñas cantidades de sangre en las heces. El sangrado leve durante mucho tiempo puede provocar anemia por deficiencia de hierro, ya que el sangrado crónico puede agotar el cuerpo de hierro. Los casos más graves pueden presentarse con síntomas más obvios de anemia, como palidez, mareos, falta de aliento y debilidad. Si el sangrado es especialmente grave, puede ser necesaria la hospitalización, especialmente si el paciente entra en estado de shock. El shock hipovolémico ocurre cuando se pierde aproximadamente el 40% de la sangre del cuerpo. Esta es una condición grave y debe tratarse inmediatamente con líquidos intravenosos y, posiblemente, transfusiones de sangre.

Tipos

El sangrado puede ocurrir en muchos lugares del sistema gastrointestinal, cada uno con su propia causa. La sangre roja brillante en las heces generalmente indica una hemorragia muy cerca del recto, a menudo debido a hemorroides, aunque otras afecciones como pólipos en el colon o infecciones también pueden causarla. Las heces negras y alquitranadas pueden ser el resultado de una hemorragia temprana en el sistema, posiblemente de una úlcera que se ha formado en el esófago, el revestimiento del estómago o el duodeno (la primera parte del intestino delgado), o por varices esofágicas. Las várices esofágicas, que son venas varicosas en el esófago, son una afección muy grave y son indicativas de cirrosis hepática.

Efectos

Las varices esofágicas ocurren cuando ciertas venas del esófago se dilatan extremadamente, lo que les permite romperse y sangrar fácilmente. Estos vasos se dilatan en respuesta a la hipertensión portal, que a menudo es consecuencia de cirrosis y enfermedad hepática. La hipertensión portal se produce cuando el flujo sanguíneo a través del hígado se obstruye, lo que hace que la sangre pase por otras venas en el esófago, el estómago, la pared abdominal y el recto. Estas venas tienen paredes delgadas y no están diseñadas para manejar presiones más altas, por lo que se hinchan y se vuelven vulnerables a la ruptura. Aunque es posible cerrar estos vasos sanguíneos inflamados y dañados, a menudo es más difícil tratar la hipertensión portal subyacente porque es causada por cirrosis hepática.

Información de expertos

La cirrosis hepática ocurre como resultado de una enfermedad hepática crónica a largo plazo que finalmente conduce a la pérdida de tejido hepático. Este tejido es reemplazado por pequeños nódulos de tejido en regeneración y tejido cicatricial fibroso. Las causas comunes de cirrosis incluyen alcoholismo, hepatitis B y C, y la progresión de la enfermedad del hígado graso, pero a veces la cirrosis no tiene una causa identificable. Una de las complicaciones más comunes de la cirrosis es la acumulación de líquido en el abdomen, llamada ascitis, que aumenta el riesgo de infección. La cirrosis generalmente es irreversible una vez que ocurre, y la mayoría de los tratamientos tienen como objetivo retrasar la progresión y tratar las complicaciones. Para casos avanzados, el único tratamiento es un trasplante de hígado.